jueves, 11 de octubre de 2012

Aunque haya un camino

Alguna vez quise irme para no volver. Nunca fue el motivo la ausencia de una enzima patriótica, ni la herencia subliminal del sueño americano que llegó al país en los cincuentas, ni mucho menos el pensar que estos pocos acres caribeños, rescatados a punta de montoneras, héroes de batalla y efemérides, de pronto se le hacían muy pequeños, al tercer hijo de la primogénita de un español.

No, ninguno de esos fueron nunca los motivos, pero sí, cómo quería irme.

Quería padecer el invierno y conjugar el otoño. Quería ciudades grises, girasoles de Rusia, sexo, trenes, historias. Quería irme por irme, irme por empezar de nuevo (porque esta vez la historia la contaba yo), irme para sentar cabeza con la soledad, irme para tener excusa de no llamar todos los días, irme para que acaso me extrañen cuando no esté.

Y hoy que las paredes se resquebrajan y sigue minándose el suelo que piso (aunque haya un camino ) quiero hacerlo más que nunca.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Rhythm and blues

Desde que era pequeño y descubrí que los astronautas no podían tomar y que los vaqueros estaban extintos, decidí que quería ser (cuando creciera), uno de esos tipos callados que viven en algún bar de Nueva York de la década de los cuarenta, que usaban camisa y corbata, traje negro y fedora. También, cantaría en una pequeña banda de jazz para ganarme el pan nuestro de todos los días, haría el amor todas las noches en blanco y negro y cada domingo, en el altar de la tristeza, haría la comunión con whiskey en vez de vino, con ceniza en vez de pan. Moriría en el mismo olvido que nací, sin descendencia, quebrado e infeliz.

Sin embargo, nací seis décadas después, en la era del tecnicolor, en el norte del sur, usando manga corta por el calor, sin saber cantar, estando tan callado como me lo permitan, jodido pero contento en nombre de Dios, agradecido infinitamente por poder agarrarte el culo a ti, mulata, mientras bailamos a orillas de la playa, a la sombra de un fogón.

miércoles, 29 de agosto de 2012

De los jueves.

¿Quién alivia la tortura del no saber, del ya no, del quizás sí?

Tú, si quieres.

Mientras, no hay mucho más que hacer que andar en círculos y apestando a tristeza, aferrarse al borde del abismo de la lágrima que no regalaremos, apedrear a la puta del pueblo con preguntas a las que no puedo darle respuestas.

Andar sin saber en qué cajón se escondió la sonrisa, sin saber si te quedarás para cenar, sin saber si me querrás, cada vez menos, todos los días.

viernes, 24 de agosto de 2012

La Virgen de la Catarsis

Descubrí que todo iba mal, cuando pasado de tragos,

no fue a la primera a la que pensé en escribir,

Y le rogué a la Virgen de la Catarsis, que dejara al idiota, maricón, neonazi,

Y se acordara del cronista de los pingüinos que caló hasta los huesos cuando la vio partir.


Y yo que nunca lloro en las despedidas

Por sentir tarde la dimensión y la medida,

El rumor de los cantos del río,

Las ilusiones que se derrumban con el preludio del fin.


Por soñar con bocas que no son mías,

Más de una vez me he asomado al vacío

De ver tantas novias con velo, casarse sin mí


Y yo que nunca lloro en las despedidas

Me conmuevo por fotos de gente no conocí,

Me da por reírme en los funerales,

No hay compromiso del que no pueda zafarme,

Abandono la nave así como así.


Y yo que nunca lloro en las despedidas,

Le rogué a la Virgen de la Catarsis,

Que dejara al idiota, maricón, neonazi,

Y recibiera el Coronel, sus cartas al fin.

miércoles, 15 de agosto de 2012

A mitad de camino

Con el tiempo hemos aprendido que no es necesario en cada encuentro cortar por las costillas. Si somos mucho más o mucho menos de los fuimos antes, no lo sabemos, no lo recordamos, no hay más verdad que la habita en los dos cuando nos vamos cada noche a la cama y ninguno de los dos sueña con escabullirse por el balcón.

Por evitar caer en las diabólicas arenas movedizas de la rutina, fingimos cuando hablamos no saber lo que el otro está por decir, nos saludamos con distintos nombres por las mañanas, nos enviamos cartas sin nombre a la misma dirección.

Habitantes de lejanas penínsulas nos besamos a mitad camino entre ellas, sabanas de arena blanca que las separa.

Morimos con el atardecer y regresamos a casa.

El viento se devuelve al final de nuestro amor.

miércoles, 8 de agosto de 2012

De las mujeres con sombrero.

Creo que al final todo remite a las mujeres con sombrero.

A las mariposas crucificadas.

A las cenizas que no encendieron.

A las mujeres que lucen mejor que yo, que son más inteligentes y tienen menos corazón.

Y si llegase a encontrar alguna vez a un alma que no entrase en la descripción anteriormente dada, que me diese como doy, que compartiese el pan y el vino, probablemente pasaría delante de mí sin despertar la furia del mar, ni alterar los sentidos, ni entreverar el pensamiento, por el simple hecho de andar distraído, encendiendo una vela a un santo que no mira para abajo.

miércoles, 1 de agosto de 2012

De los sábados

Malditos sean los sábados en que pierdo al amor y las barajas no me amparan, ni se preocupan por restaurar el equilibrio prometido por los refranes del tiempo, ni te apiadas de mis huesos, ni mi suerte mejora.

Incluso a veces, me atemoriza dormirme la noche del viernes, sabiendo que al día siguiente me echarán a patadas del cielo y tendré que ver entonces cómo soborno a los arcángeles del destierro para comprar mi boleto de regreso al paraíso, para codiciar la manzana, para tenerte mañana, para perder la costilla.

miércoles, 25 de julio de 2012

A Kära Dotter

Quisiera poder regalarte un soplo de otoño para que tus lunes no pesaran tanto. Quisiera poder recitar soles de mayo que alumbraran la habitación que adormece tus sentidos. Quisiera poder limpiar el azul de tu rostro y volver dulces tus lágrimas para que tus ojos no se agrieten. Quisiera poder pero no puedo más que abrazarte y llorar contigo la muerte de cada ola.

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Un día sembré un girasol iracundo en mi ventana.

Un girasol de sangre.

Desolado, vago por los pasillos de julio recordando el día en que un vendaval, bendito y maldito, lo arrancó de sus raíces y lo fue a plantar en la comisura de tus ojos, esos ojos donde naufragan los navíos, los mismos ojos que hicieron que un día sembrara un girasol rojo en mi ventana.

viernes, 20 de julio de 2012

Brindis.

Y que nos alcance la vida para leer después de ser leídos, cuando algunas naves se hayan quemado, cuando los besos embalsamados en nicotina aún tengan razón de ser.

Y que nos alcance la vida para gritar que ya no tenemos voz, que cada cabello blanco nos recuerda una canción o a algún amor efímero que olvido no supo olvidar.

Y que nos alcance la vida también, para distinguir de entre tanta mentira escrita la verdad, de entre tanto ruido la poesía, de entre tantos amigos, los que tiran a matar.

Y que nos alcance la vida para poder, sin un diccionario, poner en el alma la piel de gallina, para poder amar por amar mientras se pueda y para poder cantar en nuestro funeral, una canción que haga de tripas corazón.

Salud.

Resumiendo

Carlos García Salvador, 20 años.

Maracaibo/Edo. Zulia, Venezuela.

Resumiendo, después de un exilio voluntario de "Crónicas de los Pingüinos" me encontré (cuando estaba listo para volver) con que ya no era el mismo de aquél blog, ya yo no tenía nada que ofrecerle ni el a mí, y entonces como no debes volver al lugar donde fuiste feliz, he regresado con un nuevo proyecto, con material fresco y bastante diferente al de "crónicas". Sin embargo, sigo siendo yo, el que a veces da risa, a veces escribe bien y otras veces no.

Espero si alguna vez este blog coseche lectores, lo disfruten.